Soñé que el Destino me hablaba
al pie de mi cama, gigante, al oído
Y atravesando los hondos pasillos de su laberinto
su ronca voz, débil por la distancia, decía:
De aquí en más, Ralve, ahora que cumplís cuarenta,
vas a constatar que el único que evade a los impredecibles,
el constante de mi hermano, el Tiempo,
es un puto
 
 
< IV >