Aquí se han quedado la locura y el miedo
el olvido y el tiempo, la realidad y el sueño
Todas divinidades poco seguras de sí

Cuando con buena voluntad intentan hacer un bien
empeoran las cosas
y cuando llenas de ira se ensañan en nosotros
a veces, las mejoran

Ante tal dilución hemos levantado
como pequeños demonios
un templo a nuestro propio despropósito
al que descuidamos, en el fárrago
con igual indiferencia

¿Es tu belleza entonces
la que convoca a los impredecibles a reunirse?
¿Y son ellos los que tan sólo una vez de acuerdo
le hacen lugar, en nuestro amor
a la frágil armonía?

< VIII >